El Corredor Bioceánico Vial, también conocido como Corredor Capricornio, es un proyecto estratégico que busca unir los océanos Pacífico y Atlántico a través de una vía de más de 2.400 kilómetros que conecta el norte de Chile con Argentina, Paraguay y Brasil. Este corredor potenciará el comercio regional, facilitando la integración y el desarrollo del Cono Sur. Sin embargo, las dificultades en la ejecución de obras viales en Argentina están poniendo en riesgo los plazos y la viabilidad del proyecto, que cuenta con respaldo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Chile ha avanzado notablemente en la modernización de sus infraestructuras, con obras en puertos y rutas que conectan con los pasos fronterizos Jama y Sico. En cambio, Argentina aún enfrenta retrasos en la finalización de obras en la Ruta Nacional 51, que conecta San Antonio de los Cobres con el Paso de Sico, y en la Ruta Provincial 54. Aunque recientemente obtuvo financiamiento para reactivar los trabajos, las demoras afectan la conectividad regional y la competitividad del corredor.

Las obras en el paso Cristo Redentor, uno de los puntos neurálgicos del corredor, permanecen paralizadas desde hace seis años. Este paso, situado a más de 3.200 metros sobre el nivel del mar, es vital para el tránsito de más de 2.000 vehículos diarios, incluyendo turistas y cargas. Las condiciones climáticas adversas, el deterioro de la calzada y la inacción del gobierno argentino, sumadas a las políticas recientes que priorizan la inversión privada y congelan proyectos públicos, han agravado la situación. En 2018 se firmó un acuerdo para refuncionalizar el paso, con una inversión prevista de 750 millones de dólares, pero nunca se concretó, dejando en pausa obras esenciales como la ampliación del túnel Caracoles y la mejora de accesos.

Por otro lado, en Argentina, la Variante Palmira, de 34 kilómetros y destinada a reducir el ingreso de tránsito pesado a Mendoza, fue finalizada en septiembre pasado, aunque con retrasos respecto a la fecha proyectada en 2020. La situación refleja un escenario de desafíos políticos y económicos que frenan la ejecución de proyectos clave.

El Corredor Capricornio tiene un gran potencial para transformar la conectividad regional y potenciar el comercio entre los países del Cono Sur. Sin embargo, las demoras argentinas amenazan con retrasar su implementación, limitando su impacto en la integración regional.   

La reactivación de obras y un mayor compromiso político y financiero serán fundamentales para superar estos obstáculos y consolidar una infraestructura que beneficie a toda la región en el mediano y largo plazo.

La demora en la ejecución de obras en Argentina, en particular en el paso Cristo Redentor, pone en riesgo el avance del Corredor Bioceánico Vial, una infraestructura clave para potenciar la integración regional en el Cono Sur. Desde Transportes Pezzola, expresamos nuestra profunda preocupación por esta situación y reiteramos nuestro firme interés en la pronta resolución de estos retrasos, ya que entendemos que el éxito de este proyecto beneficiará a toda la región.