La creciente tensión en Medio Oriente, con la guerra entre Estados Unidos e Israel por un lado, e Irán por el otro, está generando preocupación a nivel global. Chile, como país importador de petróleo, no es ajeno a esta situación. Las noticias del 3 de marzo de 2026 reflejan la inminente afectación que el conflicto bélico tendrá sobre los precios de los combustibles y, por extensión, sobre diversos sectores de la economía chilena.
El principal temor radica en la posibilidad de que los ataques afecten las refinerías en la zona de conflicto, lo que podría interrumpir el suministro de petróleo y elevar sus precios a nivel global. Si bien el precio del petróleo Brent, referencia para Chile, se situaba en 85 dólares al inicio del conflicto, los analistas prevén un alza en los precios de las bencinas y el diésel en el mercado chileno. Se estima un aumento inicial de hasta 20 pesos por litro, con la posibilidad de nuevos incrementos en las semanas siguientes. La aplicación del Mecanismo de Estabilización de Precios de Combustibles (Mepco) actuaría como un amortiguador, limitando el alza a un tope de 25 pesos cada tres semanas, pero aun así, el impacto sería significativo.
El aumento de los precios de los combustibles se suma a la depreciación del peso chileno frente al dólar, que ha superado los 900 pesos. Esta combinación de factores, según los expertos, podría tener un efecto cascada en la economía, afectando los precios de bienes y servicios importados, alimentos y servicios básicos. El sector del transporte, particularmente, se vería directamente impactado, ya que los costos de operación aumentarían significativamente.
El escenario planteado en la noticia del 3 de marzo de 2026 pone de manifiesto la vulnerabilidad de Chile ante los conflictos geopolíticos internacionales y su dependencia de los combustibles fósiles. La guerra en Medio Oriente, con su impacto en los precios del petróleo y la volatilidad del dólar, actúa como un catalizador de la inflación, afectando el poder adquisitivo de los ciudadanos y la competitividad de las empresas.
Esta situación subraya la necesidad de que Chile diversifique sus fuentes de energía y reduzca su dependencia del petróleo importado. La transición hacia fuentes de energía renovable, como la solar, eólica e hidroeléctrica, se vuelve aún más urgente. Además, se requiere una mayor inversión en investigación y desarrollo de tecnologías limpias, así como políticas públicas que promuevan la eficiencia energética y el uso de transporte sostenible.
Asimismo, es crucial fortalecer la capacidad de respuesta del gobierno y las instituciones financieras para mitigar los efectos de la volatilidad en los mercados internacionales. Esto incluye la implementación de medidas de estabilización de precios, la diversificación de las fuentes de suministro y la promoción de la resiliencia económica.
En definitiva, la guerra en Medio Oriente, a pesar de su lejanía geográfica, nos recuerda la interconexión del mundo y la importancia de la estabilidad geopolítica para el bienestar económico y social de Chile. La coyuntura actual exige una reflexión profunda sobre nuestra matriz energética, la necesidad de una economía más sostenible y la urgencia de prepararnos para afrontar los desafíos del futuro.
[Transportes Pezzola], consciente de la fragilidad de la situación global, desea firmemente la paz entre las naciones y aboga por que el conflicto no escale, reconociendo el impacto devastador que una escalada bélica podría tener en la economía mundial y, por ende, en el bienestar de todos los ciudadanos.

